¿Por qué me dedico a ésto?
Empecé en la fisioterapia hace casi tres décadas, cuando las opciones para tratar el dolor crónico eran limitadas: pastillas, reposo, o «aprende a vivir con ello». Esa respuesta nunca me pareció suficiente.
Durante estos 28 años he trabajado en clínicas, hospitales, centros deportivos y en los hogares de mis pacientes. He tratado a deportistas de élite y a abuelas que solo querían poder jugar con sus nietos. Cada caso me ha enseñado algo.
Lo que más me ha marcado son los casos «difíciles» — pacientes que llevaban años con dolor, que habían pasado por varios profesionales sin mejorar. Cuando conseguimos resultados donde otros no pudieron, entiendo por qué elegí esta profesión.
Hoy combino todo lo que he aprendido: la terapia manual de toda la vida con tecnología que hace 10 años ni existía. No porque lo nuevo sea siempre mejor, sino porque algunas herramientas realmente funcionan.









